La actividad que conlleva la preparación de un profesional de la danza es un proceso complejo, el cual no ofrece respuestas únicas y el cual es enriquecido por las diferencias corporales y culturales de cada estudiante. Convertirse en un bailarín requiere del desarrollo de la autodisciplina, la auto corrección y el propio perfeccionamiento como prioridad para lograr alcanzar el nivel ético, técnico y físico de calidad para proyectarse como ejecutante, docente y coreógrafo.
Es por esto que el aprendizaje de la danza en un proceso que para lograr su propósito debe ser continuo, constante, intenso y consciente. De allí que la formación de los estudiantes de primer año de esta materia requiera de un adecuado sustento ético que lo introduzca hacia una conducta de transformación y trabajo, un sustento práctico vinculado a su desarrollo técnico y físico, un sustento teórico que lo capacite intelectualmente y una aplicación creativa que lo fortalezca en su actividad artística.
Es por esto que el aprendizaje de la danza en un proceso que para lograr su propósito debe ser continuo, constante, intenso y consciente. De allí que la formación de los estudiantes de primer año de esta materia requiera de un adecuado sustento ético que lo introduzca hacia una conducta de transformación y trabajo, un sustento práctico vinculado a su desarrollo técnico y físico, un sustento teórico que lo capacite intelectualmente y una aplicación creativa que lo fortalezca en su actividad artística.
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